EL ARTE DE ESTAR: RED DE APOYO - PARTE 2

Hay momentos en los que alguien cercano se cae, y lo único que queremos hacer es hablar, decirle que las circunstancias no son tan graves como la persona se las imagina y un montón de cosas más, muchas personas creen que esto es "ser red apoyo"; piensan que ser red es sinónimo de entregarse por completo o desaparecer en las necesidades del otro.

En estos intentos de ser red, solemos desaparecer en nosotros, es decir, dejo de estar para mi para poder estar para el otro, nos exigimos respuestas que no nos competen, sentimos que si no hacemos algo, fallamos.

Y ahí es cuando confundimos estar con salvar. Ayudar con sacrificarse. Y eso, en lugar de sostener… ahoga. Porque ser una red de apoyo no significa absorber el dolor ajeno, ni convertirse en psicólogo de nadie. Tampoco es estar 24/7 disponible, ni tener la palabra justa.
Ser red es estar presente. Escuchar de verdad. No irse. Y al mismo tiempo, no dejarse de lado.

Estar para alguien no implica que dejemos todo por él, ni que nos olvidemos de nuestras propias emociones. Implica poder decir: “Estoy acá para ti, pero sin dejar de estar para mí.” Y ese es un equilibrio que no nos enseñaron. Porque venimos de ideas donde amar era sacrificarse, donde acompañar era olvidarse de uno.

La mayoría de las veces, cuando alguien nos cuenta algo difícil, lo primero que queremos es responder, dar un consejo, arreglar, buscar una salida: pero el otro, muchas veces, no necesita que lo saques del pozo. Necesita que te sientes un rato ahí con él. Que no lo apures, que no lo juzgues, que no lo quieras “curar”. Estar en silencio también es estar.
Un “entiendo”, un “te escucho”, un “no estás solo” puede ser mucho más sanador que una lista de soluciones.

Es muy diferente decir: “cuando tu estés en el pozo yo me tiro contigo”, a decir: “cuando tu estes en el pozo, yo te voy a acompañar.” ¿Por qué es diferente? La clave está en distinguir entre acompañar desde la empatía y hundirse desde la fusión emocional:

Sentarse en el pozo un rato significa:

  • No apurar al otro a salir.
  • No evitar su malestar.
  • No llenar el silencio con frases vacías.
  • Validar el dolor sin juicio.

Es presencia emocional. Es compartir la experiencia sin querer eliminarla de inmediato.

Tirarse al pozo con el otro, por el contario, significa:

  • Absorber su sufrimiento como propio.
  • Desbordarse emocionalmente al igual que la persona.
  • Abandonar tus propios límites para “rescatarlo”.
  • Creer que solo si sufres igual, lo estás ayudando.

Eso es fusión emocional. Es perderte tratando de salvar al otro.

En psicología humanista, Carl Rogers hablaba de la importancia de estar con el otro sin juzgar ni intentar moldearlo. Apoyar no es controlar. Es decir, brindar un Acompañamiento empático; comprender al otro desde su marco de referencia, sin imponer el propio. Hablando en palabras más científicas, Daniel Siegel (neuropsiquiatra) dice que la presencia consciente ayuda a regular el sistema nervioso del otro. La co-regulación no requiere palabras, sino conexión.

No hace falta tener la respuesta, hace falta estar. Escuchar de verdad es más valioso que dar consejos.

En la entrada de: ¿DESDE DÓNDE TE HABLAN LAS PERSONAS?, hablábamos de la autoempatía y de cómo podíamos aplicarla en cada una de nuestras vidas, es importante mencionar que para esta ocasión la podemos aplicar también ¿Cómo? Kristin Neff nos dice que uno no puede ser compasivo con otro si se abandona a sí mismo. Si me pierdo por ayudarte, no soy red. Soy un hilo más que se rompe.

Cuando se habla de ser vínculo, de ser red, así como lo hemos venido hablando, no se trata de estar “fuerte” para el otro, sino estar disponible y ser auténtico. En muchas ocasiones, basta con mirar sin juicio y decir: “Estoy acá”. Ser red también implica recibir, recordemos que las redes de apoyo son en ambas direcciones, de aquí para allá y de allá para acá.

Una herramienta concreta para cuando no sepas qué hacer, pero quieras estar para alguien,
se llama: La Escucha Espejo, no es mágica, no es idealista, pero sí funciona.

¿Cómo se hace?

  1. Calla tu impulso de aconsejar.
    No estás ahí para resolver, estás para acompañar.
  2. Refléjale lo que siente.
    Frases simples como:
    - Esto te duele, y está bien sentirlo así.
    - Gracias por confiar en mí para contarme esto. No es fácil abrirse.
    - No hace falta que estés fuerte ahora. Puedes desarmarte un rato.
  3. Pregunta antes de actuar.
    ¿Quieres que te escuche o que pensemos algo juntos?
    ¿Cómo quieres que te acompañe?
  4. Cuida tus propios límites.
    Estar para el otro no te obliga a desaparecer.

Acompañar a alguien no requiere que seas fuerte todo el tiempo ni que sepas qué hacer.
Requiere presencia, escucha y autenticidad. No hace falta que sepas la respuesta.
Hace falta que no te vayas, y sobre todo, que tampoco te abandones a ti mismo en el camino.

Ser una red de apoyo también implica reconocer cuándo te toca a ti necesitar a alguien. No es debilidad, es parte del vínculo. Los vínculos sanos no se miden por cuánto das, sino por cuánto circula entre los dos. Si estás siempre del lado de quien escucha, también necesitas un espacio donde te escuchen. Y si hoy no lo tienes, te invito a empezar por algo: preguntarte a quién podrías abrirle una parte tuya, sin miedo. Y si no hay nadie, quizá sea hora de buscar esa red que también te sostenga.

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